Ojitos empapados de lágrimas

Llegué con muchas preguntas, miedos, expectativas, ansias y demás emociones entrelazadas. Era mi primera experiencia como practicante en Jardín Maternal. 

El primer día me fui feliz por la recibida que había tenido, las tres docentes de la sala me hicieron sentir muy cómoda desde el primer momento, me acompañaron, me hicieron parte de su grupo. Lxs niñxs apenas llegué a la sala ya me estaban compartiendo los juguetes, mostrándome sus cosas, abrazándome, sentándose a upa, llevándome de la mano a jugar con ellxs. Que sensación más linda que te permitan entrar en su mundo de esa manera. 


Transcurrieron los primeros días, muchas experiencias vividas, de a poquito fueron dándome su confianza y a la vez confiando en mí aquellos niñxs que todavía no se habían acercado tanto. Compartí momentos hermosos con ellxs, de mucho aprendizaje, y así comencé a adentrarme en el ritmo de la sala. 


Fue un jueves. Llegué al jardín como todos los días a las 8:15 de la mañana. Ya desde la puerta se oía su llanto. Entré al comedor donde se encontraba la sala Lila desayunando y noté una cara nueva en el grupo. Me encontré con su mirada, sus ojitos empapados de lágrimas y su cara colorada que expresaba un llanto que no cesaba. Me acerqué a saludarlxs y cuando llegué a ella su primera reacción fue extenderme sus brazos para que la alzara. En esa mesa, estaba una de las tres maestras y rápidamente me dijo que no le hiciera upa, que tenía que aprender a sentarse y tomar el desayuno como sus compañerxs. Me sentí mal, percibía su mirada fija en mí y su cuerpo me expresaba que quería que la levantaran de esa silla, de lo contrario seguiría llorando. Me senté a su lado y me presenté, intenté hablarle para que se tranquilizara, le ofrecí una galletita y leche pero su única respuesta eran los movimientos de su cabecita diciéndome a todo que no. El llanto se intensificó, lxs compañeritxs de la mesa la miraban sin entender, y las maestras (incluso las de otras salas) le decían que no llorara más tapándose los oídos. 


En ese momento, llegó la vicedirectora. Fue directo hacia ella y la miró fijamente. Sus miradas se cruzaron. De su boca salieron aquellas palabras “qué pasa que esta nena no deja de llorar, basta, basta de lágrimas, acá lxs niñxs no vienen a llorar, esto es culpa de su madre y su padre.” El llanto claramente no cesó. 


Una de las seños de mi sala notó mi cara de preocupación e intentó tranquilizarme con sus palabras. Me contó que la niña era de las más pequeñas del grupo, asistía muy irregularmente al jardín y que su madre y su padre cada vez que la traían era a upa y no caminando como el resto de lxs niñxs. Ellas en todas las ocasiones les remarcaban la importancia de que no siempre estuviese a upa, que era necesario que la dejaran más tiempo en el piso para lograr mayor autonomía en sus desplazamientos. Pero no había respuesta de parte de ellxs. 


Ellas la recibían en la puerta y, apenas intentaban bajarla al piso para ir caminando con el resto del grupo o bien ponerla en la silla para desayunar se desataba el llanto. Y así transcurrían los pocos días que la llevaban a la escuela. A diferencia de sus compañerxs, no caminaba, ni siquiera gateaba, simplemente se quedaba sentada en la sala cuando las maestras la ponían en el piso, y de allí no se movía hasta que alguna la parara y caminara con ella sosteniéndola de las manos o cansadas de tanto llanto la pusieran en el cochecito. Para que jugara o participara de alguna propuesta tenían que acercarle los materiales u objetos y sentarse con ella a jugar. 


Los pocos días que asistió en lo que fue mi mes de prácticas fueron así. Fue muy difícil para mí generar un vínculo ya que para cuando volvía ya ni debía acordarse de quién era yo. 


Una de las actividades que llevé a cabo de Artes Visuales fue de dactilopintura. Ella estaba y no quiso participar. Con las maestras intentamos acercarle las manos a la pintura, le ofrecimos esponjas, buscamos la manera de que al menos probara, pero no hubo forma. Lo único que se escuchaba era su llanto desconsolado porque nadie la alzaba. Ya finalizando la actividad, mientras limpiábamos las manos de lxs niñxs en las bachas, una de ellas se tapó y comenzó a salir agua por debajo de los muebles. En pocos segundos la sala era un descontrol. Agua y pintura por todos lados. Y el llanto que se intensificaba cada vez más al punto de que no nos escuchábamos entre nosotras. Una de las docentes, me pidió por favor que la alzara porque tanto llanto iba a generar que algunx de lxs directivxs subiera para ver qué estaba pasando con ella. La alcé, le canté, le hablé, la contuve, intenté transmitirle mi confianza pero no hubo respuesta. Sus lágrimas seguían empapando su carita.


Sonó el teléfono de la sala. Atendió una de las seños. Era la vicedirectora, quería saber qué estaba pasando que escuchaba el llanto desde abajo. Le contaron. La maestra se acercó y me dijo que iban a llamar a la madre para que la viniera a buscar, que así no podía seguir estando en el jardín. Se la llevó a upa. Ese día me fui con una sensación rara en el cuerpo.


Es imposible no preguntarse después de una experiencia como ésta, qué hacer en estos casos. ¿Cómo debe actuar la escuela frente a una situación como ésta? ¿Qué se hace cuando de parte de las familias no hay una respuesta a la problemática que se les está planteando? ¿Cómo se relaciona la crianza de lxs niñxs en las casas y en el jardín? ¿En qué lugar quedan lxs niñxs? 


Se me vienen a la cabeza los videos de Fundación Integra compartidos por la profe. Cuando son tan pequeñxs y todavía no desarrollan el habla, se expresan a través del llanto, de gestos, sonidos. Muchas veces el llanto está relacionado con la maña, porque es más fácil pensar que lloran por quejarse que porque realmente necesitan o nos quieren transmitir algo. En este caso, pude ver que las docentes intentaron de muchas maneras que lograra participar de las actividades con el resto del grupo, que pudiera jugar, socializar, disfrutar de estar en el jardín. Sin embargo, fueron muy pocas las que pudieron hacerlo sin que ella estuviese a upa. ¿Será que necesita del sostén de otro para sentirse más segura?


Recuerdo también, en el conversatorio que tuvimos con Damián, el caso que él nos contó acerca de la niña que no caminaba, y que cuando conocieron su historia, el lugar donde vivía entendieron el por qué, y cómo poder contar con el espacio del jardín ayudó a que ella pudiera desarrollarse. Qué necesario es conocer la realidad de cada niñx para entender su forma de desenvolverse en la escuela, de relacionarse, de expresarse, de jugar. ¿Qué sabemos realmente de ellxs? “Hay que educar los ojos para ver, hay que tener teorías para interpretar y hay que avivar el corazón para acoger.” Comparto aquí un fragmento del relato “Hay que conocer a John” que se me viene a la cabeza escribiendo estas palabras.


Es claro que me quedan muchas dudas sobre cómo abordar estas problemáticas que enfrentamos en el camino de formarnos como docentes. Cómo es el trabajo con las familias, qué podemos hacer desde nuestro lado en las salas. Con qué herramientas contamos a la hora de afrontar estos desafíos. La única certeza que me queda es que no hay que juzgar nunca el llanto de un niñx. Siempre nos están transmitiendo algo, es nuestro trabajo como adultxs poder entender eso y buscar la manera de ayudarlxs. “No somos mañosos, nos pasan cosas como a todas las personas. Necesitamos que nos conozcan y nos entiendan para que nos puedan ayudar a crecer y desarrollarnos muy bien.” - Fragmento del video Fundación Integra.


Comentarios

  1. Felicitaciones Camila por la escritura de tu primer relato en el marco de este EDI 1!
    La temática elegida es pertinente y el título es apropiado. Co o te sugerí en clase sincrónica recalcaría desde el nombre del relato algo así como "a upa no lloro" "upa es un derecho", "el derecho a estar a upa", "entre upa, llantos y contradicciones", etc. Te dejo a vos elegir, modificar, repensar sobre el nombre de la historia. para jugar un poco más con las palabras.
    Respecto del contenido, te sugiero como te mencioné anteriormente, que comprimes la experiencia vivida con la niña y luego le des fuerza al posicionamiento, qué te pasó a vos con la experiencia, qué hubieses hecho siendo la docente de la sala, qué reflexiones amerita la situación para continuar pensando en infancias sujetos de derechos y educadores garantes de los mismos. (El posicionamiento está bien encaminado, solo enfatizar).

    Adelante!
    Cariños,
    Prof. Mariana

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